Una nueva era
La muerte de Francisco I el 21 de abril conmocionó al mundo católico y atrajo a más de 250.000 fieles al Vaticano para rendirle homenaje durante los días de duelo y su funeral en la Basílica de San Pedro. Tras este periodo de luto, la Iglesia se aboca ahora a una de sus tradiciones más solemnes y secretas: la elección del 267º Papa.
Durante la homilía, el cardenal Re exhortó a los electores a actuar con discernimiento, oración y responsabilidad, subrayando la gravedad y trascendencia del momento para la Iglesia universal. Esta misa representa el último acto público antes del inicio del aislamiento total de los cardenales.
Secretismo y tradición
Aunque el cónclave arranca este miércoles por la tarde, el proceso previsiblemente necesitará más negociaciones y varias votaciones para que la fumata blanca anuncie el «Habemus papam».
El decano del colegio cardenalicio, Giovanni Battista Re, ofició la misa previa a esta elección, uno de los acontecimientos más secretos y misteriosos del mundo.
Re llamó en su homilía a «mantener la unidad de la Iglesia» de cara al momento «difícil, complejo y convulso» que enfrentará el futuro líder espiritual de 1.400 millones de católicos.
Los purpurados tienen prevista una nueva oración en la tarde en la Capilla Paulina del Palacio Apostólico, antes de dirigirse a la majestuosa Capilla Sixtina para el cónclave.
En el primer día está prevista una sola votación, en la que no se espera que nadie obtenga la mayoría de dos tercios requerida -al menos 89 votos- para proclamar al 267º pontífice.
De ser así, los cardenales votarán cuatro veces a partir del jueves: dos por la mañana y dos por la tarde.
Con información de AFP.




