La psicóloga Natalia Guido aportó una perspectiva clínica sobre el procesamiento de Moisés Martínez, el joven que dio muerte a su padre, Carlos Martínez, un agresor sexual condenado. Según la especialista, el sistema judicial está omitiendo el concepto de «trauma complejo», derivado de años de tortura física y psíquica continuada, lo que habría condicionado la respuesta emocional del imputado.
Fallas en la protección estatal
Guido enfatizó que el Estado falló en proteger a la familia desde el primer pedido de ayuda. Recordó que, tras la denuncia por abuso sexual realizada por Sara (hermana de Moisés) a los 12 años, el agresor recibió una pena mínima de un año y medio. «Fue una condena ilusoria. No hubo seguimiento del agresor ni asistencia psicológica para las víctimas», señaló la profesional, explicando que este abandono estatal generó un sentimiento de desprotección que impidió nuevas denuncias ante el acoso persistente del fallecido.
El detonante y el estado de shock
La psicóloga explicó que el crimen no presenta indicadores de planificación, sino de una «reactivación traumática». El detonante fue el conocimiento de nuevos detalles de abusos hacia sus hermanas y la inminente mudanza del padre a Paysandú.
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Emoción intensa: Los 14 disparos efectuados sugieren que Moisés no actuó bajo la razón, sino en un estado de conmoción intensa.
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Conducta post-evento: El hecho de que el joven permaneciera tres días junto al cuerpo, sin intentar huir ni robar pertenencias, refuerza la hipótesis de un shock emocional compatible con el trauma vivido.




