El propio Koxa sostuvo que una medición rigurosa debe contemplar la trayectoria completa del surfista durante el descenso y no limitarse al labio de la ola o al volumen de agua. En ese sentido, explicó que la energía total se experimenta al recorrer toda la pared hasta la base.
“Cuando bajas hasta la base, surfeas toda la energía de la ola. Esta fue tan profunda que, si no me meto hacia dentro del tubo, podía haber muerto. Fue una de las más comprometidas que he surfeado en Nazaré”, expresó Koxa.
Según informaron los medios brasileños Globo Esporte y Folha de S.Paulo, las primeras estimaciones sitúan la ola entre los 27 y 29 metros, lo que superaría el récord oficial vigente de 26,21 metros, establecido en 2020 por el alemán Sebastian Steudtner, también en Nazaré.
Koxa, de 46 años y oriundo de Guarujá, en el estado de São Paulo, relató que durante el descenso sintió un riesgo real debido a la potencia y la velocidad del mar, que podría haber alcanzado los 80 kilómetros por hora. “Cuando entré en el tubo sentí como si una máquina del tiempo me absorbiera. Cabría un autobús dentro”, señaló.
El proceso de homologación del posible récord ya está en marcha. La validación final depende de Guinness World Records y del Big Wave Challenge Group, organismos encargados de analizar imágenes y videos mediante criterios técnicos específicos, luego de que la Liga Mundial de Surf (WSL) dejara de intervenir en este tipo de mediciones.
Actualmente, Steudtner ostenta la marca mundial, mientras que Koxa ya había sido récord en 2017, cuando surfeó una ola de 24,38 metros. Las mediciones preliminares de esta nueva maniobra estuvieron nuevamente a cargo de Paulo Vinícius Lopes, quien explicó que el cálculo se realiza tomando referencias corporales del surfista y la relación entre la base y la cresta de la ola. “Aún no se puede confirmar si batirá el récord, pero la tendencia es esa si la medición se consolida”, indicó.




