En una jornada que posicionó a la cultura como un eje central de la salud pública, se presentó en el Palacio Legislativo la iniciativa “A todo trapo: la murga como puente para contar(se)”. El proyecto, nacido en el dispositivo Ciudadela de Flores, propone un cambio de paradigma en el abordaje de los consumos problemáticos: utilizar la expresión artística colectiva como una herramienta de reparación psicosocial.
La recompensa del placer creativo
El tratamiento de las adicciones suele enfocarse en la restricción; sin embargo, esta propuesta apuesta por la recomposición del circuito de recompensa a través del disfrute. Según explicó Gabriel Rossi, secretario nacional de Drogas, el taller de murga permite que las personas recuperen la capacidad de sentir placer fuera del consumo de sustancias, actuando como un catalizador en el proceso de recuperación.
La agrupación, que ya cuenta con 30 actuaciones en su haber, representa un quiebre frente al aislamiento que suele imponer la dependencia química.
Un escudo contra la estigmatización
Jorge Díaz, presidente de la Junta Nacional de Drogas, destacó durante el conversatorio el valor de que personas históricamente «invisibilizadas» o discriminadas por su condición decidan «poner el cuerpo y la voz» en un escenario. Para el jerarca, este es el camino hacia una integración social efectiva, donde el usuario de drogas deja de esconderse para integrarse a la comunidad mediante el aporte cultural.
«Hacer algo que la persona disfrute es una forma de tratar el consumo de sustancias», señalaron las autoridades, subrayando la importancia de los 34 centros Ciudadela que operan bajo este modelo ambulatorio en todo el país.
El rol de los dispositivos Ciudadela
Más allá del componente artístico, estos centros funcionan como la puerta de entrada a la Red Nacional de Atención en Drogas (Renadro). Su labor se centra en:
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Diagnóstico y seguimiento personalizado de cada caso.
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Asesoramiento a familias y referentes afectivos.
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Derivación oportuna a tratamientos de mayor complejidad cuando es necesario.
Con esta presentación, Uruguay reafirma una estrategia nacional que no solo contempla la salud mental desde el punto de vista clínico, sino que incorpora la identidad y el vínculo comunitario como piezas fundamentales para la reconstrucción de la vida de los usuarios.


